Familia Hortelano-García In memoriam et ad honorem Mayte Hortelano
Este blog ha sido galardonado en los Premios 20Blogs 2010:
  • Categoría Gastronomía: Ganador
  • Premio del jurado: Ganador
  • Premio de los blogueros: Finalista
May 31 2010

Crema de Malanga y Calabacín

Esta receta que os traigo hoy, es más bien una propuesta como alternativa exótica a los miles de recursos que tenemos ya para incluir en nuestra Operación Maldito Bikini, de la que muchos sabéis que yo no soy muy partidaria… Prefiero mantener unos hábitos de dieta saludable todo el año, en la que no excluyo los dulces, eso sí, en consumo muy moderado y NADA DE BOLLERÍA INDUSTRIAL. Todo hecho en casa, por supuesto. Gracias mamá, por haberme enseñado la importancia de este concepto.

Como os decía, lo que os propongo es tan, tan fácil, que ni siquiera parece una receta!… Digamos que se trata más bien de una base, para que luego con ella elaboréis a vuestro gusto una crema diferente, según vuestras preferencias culinarias y también según lo estrict@s que seáis en vuestras dietas. La Malanga aporta a la crema cierta cantidad de hidratos de carbono, el aporte calórico del calabacín ya sabéis que es mínimo. El salteadito del principio no va a suponer el Apocalipsis, desde luego que no. Y, si de segundo plato, tomáis una ración de carne o pescado a la plancha, acompañado de ensalada verde, completando con un postre ligero, pues ahí tenéis vuestro menú comida de dieta (la cena ya sería otra cosa, claro).

Os comento que el sabor es muy distinto al de una crema de calabacín corriente; es de un aroma intenso, con un fondo parecido a nueces, que se mantiene en el paladar… muy rico. Y la textura, dónde va a parar!, mucho más cremosa, envolvente y agradable. Me encantó, así que pienso repetirla muchas veces, variando y probándola con diferentes condimentos. Ya os contaré.

 

INGREDIENTES

  • 500 g de Malanga (en mi caso, 3 cormos, que pesé sin pelar). Pélalos, lávalos y córtalos gruesos, como si fueran patatas para hervido.
  • 300 g de Calabacines, cortados en rodajas gruesas, sin pelar
  • La parte blanca de un puerro gordo, cortada a rodajitas
  • Un chorrito de aceite de oliva para sofreir el puerro
  • Sal

 

PREPARACIÓN

  1. En una cazuela (donde ya de paso lo herviremos todo) sofreir unos minutillos las rodajas de puerro, hasta que estén blanditas. Apartar del fuego e incorporar la malanga.
  2. Incorporar agua, la justa para cubrir la malanga y tres o cuatro dedos más. Agregar un poco de sal y llevar a ebullición.
  3. Dejar que hierva suavemente unos 20 minutos o hasta que los trozos de malanga estén tiernos. Durante el proceso, veréis cómo van liberando el almidón y se espesa el caldo. Puede que necesite algo más de agua, así que estad pendientes, por si acaso.
  4. El calabacín, lo añadimos cuando observemos que a la malanga parece quedarle ya poquito tiempo de cocción. Así, ambas verduras terminarán de cocerse prácticamente al mismo tiempo.
  5. Ya está todo cocido, así que vamos a triturar. Pon SOLO las verduras en el vaso de la batidora y tritura. Ve añadiendo caldo hasta que la textura te parezca que es ideal para tu gusto. Prueba y rectifica la sal si es necesario. Y ya está. Chimpúm.

Esta vez, como véis, no he puesto especias, ni aderezos, «cosas raras» (dicen algunos, jejeje…), así que ya lo dejo todo a vuestra imaginación, porque la encontraremos en cada rincón, en cada cajón y cada estante de nuestras cocinas. Cada uno, que la busque a su manera…

May 31 2010

Malanga

Lo que vemos en estas imágenes corresponde a la parte comestible de la planta conocida como Malanga Blanca, entre otros muchos nombres más.

Pertenece al género Xanthosoma, que abarca cerca de 50 especies tropicales y subtropicales de la familia de las Aráceas, nativas de América. La diferenciación entre especies se hace bastante difícil.

Muchas Xanthosomas son cultivadas con fines ornamentales (destaca X. roseum), como la Hoja elegante de lustrosas y grandes hojas; la Oreja de elefante con cierto parecido de la hoja con la oreja del elefante; la  costilla de Adán, con  las hojas rasgadas y con sus partes unidas en el filo de la hoja, etc.

Otras  Xanthosomas se cultivan con fines culinarios, como es el caso de esta Malanga Blanca que os presentamos hoy. Existe también una variedad en color morado. Estas especies de Xanthosomas comestibles son muy ricas en almidón y en muchas regiones suponen una fuente importante de alimento. Se conocen como: mafafa, malanga, cocoñame, ocumo, bore, yautía, chonque, macabo, rascadera y tania.

Algunas especies no son aconsejables para su consumo en crudo, debido a la presencia de sustancias fitotóxicas, que pueden dar lugar a problemas digestivos; estas sustancias desaparecen cuando los cormos se someten a procesos de culinarios que implican temperatura. Ésto mismo no nos queda muy lejos, sucede lo mismo con algunas solanáceas, por ejemplo, con la patata.

El nombre científico de la Malanga es Xanthosomas sagittifolium (L.) Schott y, como ya hemos mencionado, existen dos variedades, la Blanca y la Morada. Está emparentada con el Taro o Ñame (Colocasia esculenta (L.) Schott).

[NOTA: Cuando hagamos referencia a una especie, utilizando su nombre latino, es decir, «científico», hay que mencionar SIEMPRE y sin excusa al/ los botánicos que » se curraron»  dicha clasificación. Así, omitir la L., de Linneo es, pués un INSULTO mayúsculo. Si se ignora cuándo se usan los paréntesis, las cursivas, los puntos y las comas, los nombres binomiales y demás, tal vez, la opción más correcta sería emplear el castellano]

Otros nombres que recibe la Malanga: Calusa, Uncucha, Yautía, Huitina, Mafafa, Tiquisque, Tania, LLocumo, Rascadera, Malangay, Taioba, Mangara, Cocoyam, New cocoyamtl, O´tanier, Chou-caraiba, Ocumo…

Se trata de una planta de comportamiento naturalmente perenne (así lo sería en estado salvaje), pero cuando es cultivada tiene una vida útil de unos 10 meses (12 para la morada). Consta de un vástago subterráneo (cormo) alargado, que hace las funciones que haría un tallo aéreo. De él nacen las hojas en la parte aérea y, en la subterránea, se desarrollan unos pequeños cormos o cormelos a su alrededor, más cortos y engrosados, de corteza marrón oscuro y pulpa que va del blanco al amarillento en variedades blancas.

Se ha descrito su sabor como el de nueces terrosas, hecho que confirmamos. En nuestra experiencia, guarda cierto parecido lejano con la patata, el boniato, siendo su corteza mucho más dura y la pulpa más resbalosa. El tiempo de cocción sería el mismo que para las patatas. Observamos que, a medida que se cuecen, los trozos de malanga van liberando gran cantidad de almidón, que queda en el caldo de cocción, lo que lo hace muy apto para aprovecharlo para cremas y sopas.

Probamos también a elaborar chips de malanga, salpimentados simplemente, otros especiados a nuestro gusto. Apreciamos que el corte ha de ser ligeramente más grueso que el de la patata (según el diámetro de vuestros cormos) y hay que vigilar bien el tiempo de fritura, pues parece que están listos antes que los chips de patata. El resultado son unos chips muy originales, de un sabor muy peculiar y agradable).

 

May 26 2010

Pan Integral de Centeno y Trigo con Sésamo Negro

Hoy os traemos este Pan de Centeno y Trigo con Sésamo Negro, que hemos considerado un éxito por varios motivos. Para empezar, por su sabor, el sabor característico del centeno que, en este pan, interviene al 50% junto con la harina de trigo. Según la Reglamentación Técnico-Sanitaria española, para que éste fuera considerado un pan de centeno, habría de contener, al menos un 51% de harina de dicho cereal. Casi, casi, pues hemos dicho que contiene el 50%. Pero a efectos organolépticos, puedo decir que este pan sabía a centeno y se diferenciaba bastante de otros panes que hemos elaborado con otras harinas. En el sabor, también se distingue un fondo dulce, poco apreciable pero muy agradable, que achaco a la cucharada de miel que veréis entre los ingredientes. Y el sésamo negro, claro está, no es sólo un elemento decorativo, por supuesto, sino que durante el horneado se tostaron, aportando a la masa su característico sabor a tostado. Hubo quién me dijo «Qué rico está este pan, además, ¡sabe a pipas!»… Fue entonces cuando pensé que no debí haberle puesto las semillas, para no alterar la esencia del pan en sí y haber podido apreciar sus cualidades sin más florituras. Pero quienes lo comieron, disfrutaron tanto, que quedé muy satisfecha.

 

Uno de los aspectos que más nos ha sorprendido ha sido su increíble capacidad de conservación, sin que se alteren negativamente sus propiedades organolépticas. Al contrario. El primer día, la miga es más bien húmeda y el sabor se intuye, pero está aún por definir. Al segundo día, observamos como si los alveolos se hubieran abierto de pronto, liberando humedad y dejando paso al oxígeno. El pan se ha secado un poco. Pero en su interior algo ha ocurrido, algúna reacción enzimática, que el sabor ya no es el de ayer. Y conforme pasan los días, se transforma, pero a una menor velocidad.

Siete días después de haber horneado este pan, estaba delicioso. Ni un síntoma de envejecimiento. Personalmente, me sorprende y mucho.

Las fotografías están tomadas el primer día, cuando la miga estaba algo más húmeda y más cerrada. Para la próxima vez, me lo anoto: esperar al segundo día.

 

El color de los panes de centeno, más oscuros que los de trigo. A mí me resulta más agradable a la vista, será por la variedad. O quizá es un efecto placebo, que me induce a pensar «esto es más pan», tal vez, cansada ya de los pseudo-panes blancuchos e incomibles que compramos a toda prisa, y que hace una eternidad que ni siquiera compro ni como. Pero eso ya, para mí, esta quedando atrás. Ya solo como el pan que yo misma amaso con mis manos. Ni máquinas ni nada de nada. Y es qué… ¿qué tendrá el pan, que enamora?.

Seguimos con mi pan, el de centeno… conseguí una textura en la miga que me encantó, justo lo que buscaba!. Alveolos grandes y pequeños, distribuidos de forma irregular, como si fuese obra del azar. Y la gelatinización alveolar, por fin. no sé si llega a apreciarse algo en las fotografías. NOTA: En las fotografías, se aprecian tanto rebanadas cortadas con cuchillo de pan, como segmentos de la hogaza separados con las manos, sin ayuda de ningún otro instrumento. Considero que el aspecto de la miga es importante tanto en el corte como en… ¿cómo llamarlo?… separación manual. Ya lo véis claramente en la foto anterior.

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Yo, nieta de panadera. Ella, María. Toda su experiencia y conocimientos estaban en su memoria, automatizados. Las masas y Ella, hablaban y se entendían en una armonía perfecta. La masa pedía, María le daba. Nosotros, solo parte del atrezzo, atónitos observadores de aquella conversación muda, de esa danza preciosa de María con sus masas.

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Una pena, que de aquellos secretos panaderos no haya llegado ni una sola notita… solo nos quedan los recuerdos y, de ahí, vamos uniéndolos y atando cabos. Pero no es suficiente. Así que, desde que descubrí a Iban, se me abrió una gran puerta hacia los misterios del pan. Gracias a los recursos que nos brinda, he logrado elaborar mi primera Masa Madre, de centeno. Lo explica fenomenal, aquí. También lanzó hace muy poco El foro del pan, con una extraordinaria aceptación. Y La Memoria del Pan, como él mismo dice, «un rincón donde quepa la gente que lo cuida y lo ama, recetas y curiosidades sobre su elaboración e ingredientes, así como vivencias relativas al pan en toda su extensión».

Y en todo esto y en mi intuición, me voy apoyando para conseguir este reto personal. Aprender más y más sobre el pan. Todavía me queda mucho camino. Pero cada logro, como este pan que os traigo hoy, es una experiencia formidable.

Todavía me queda algo más que contaros antes de empezar con la receta!. Ahora estamos trabajando con otras harinas y estamos más que satisfechos, nos han dado unos resultados buenísimos. Son concretamente las de El Amasadero, si váis al enlace veréis que tienen muchas cosas para panadería. En cuanto al servicio y entrega, fenomenal, son gente muy agradable y, en nuestra experiencia, las entregas muy rápidas y ningún problema. Recomendados!!!.

 

 

 

Vamos con la receta!!

Pan de Centeno y Trigo con Sésamo Negro

Es importante que distingáis (si no lo sabéis ya) lo que es una Masa Madre (MM) de lo que no lo es. Os será muy útil consultar los enlaces que os he dejado arriba, de Ibán. Una MM no lleva levaduras, ni químicas, ni biolóquicas, ni nada. Sólo harina (del cereal que sea) y agua. Su elaboración requiere de tiempo (algunos días), temperaturas concretas, paciencia, cariño, ilusión y un proceso concreto. ¿Porqué hacer panes con MM?. Sencillamente, son otro mundo, nada que ver. Aportan al pan un millón de características que no lograríamos de otra manera.

Por ahí encontraréis que llaman MM a una mezcla de harina + agua + pizca de levadura. Bien, eso NO es MM. Son Prefermentos. Hay un montón de tipos de prefermentos, que también aportan buenas propiedades al pan y suponen un «atajo», para no tener que pasar por todo el proceso de elaboración de la auténtica MM. Pero que quede claro: si llevan levadura, no son Masas Madre. Creo que hay que llamar a cada cosa por su nombre, no?.

Bien, este pan, esta elaborado a partir de un Prefermento de Centeno 100%, el elemento protagonista de esta receta.

 

INGREDIENTES

Para el Prefermento:

  • 200 g de Harina Integral de Centeno (El Amasadero)
  • 220 g de agua mineral, templada
  • 4 g de Levadura Seca de Panadero (El Amasadero)

Para el resto de la masa:

  • 300 g de Harina de Fuerza (El Amasadero)
  • 100 g Harina Integral de Centeno (El Amasadero)
  • 100 g Harina Integral de Trigo (El Amasadero)
  • 4 g de Levadura Seca de Panadero (El Amasadero)
  • 15 g de Sal
  • 1 cucharada de miel
  • 20 g de Sésamo negro (reservando un poco para esparcir por encima)

 

PREPARACIÓN

  1. Por la noche, preparé el prefermento, mezclando la levadura seca de panadero junto con la harina integral de centeno, a la que añadí el agua tibia y fui mezclando hasta obtener una pasta cremosa. Para mezclar, usar espátula o las mismas manos, nuestro mejor instrumento. El prefermento, lo cubrí con un paño limpio y lo dejé levar toda la noche (en mi caso, «toda la noche» es el equivalente a unas 6 o 7 horas, no más…).
  2. Por la mañana temprano, ya me dispuse a elaborar mi pan, mezclando la harina de fuerza, con la de trigo, la de centeno, la sal y la levadura. Todo eso, en un cuenco grande, claro, pues después hay que incorporar también el prefermento y el agua. Ah!, y la miel. El agua, ojo. Vamos añadiéndola poco a poco, mientras trabajamos la masa con las manos, es decir, apretándola, tratando de integrar sólidos y líquidos. No nos preocupemos de si se pega o no. Al principio, queda algo pegajosa. tras unos minutos de reposo, la harina ha absorbido toda el agua y estará lista para ser sometida a las manipulaciones oportunas.
  3. Ahora sí hay que amasar. Sin miedo. Consultad los links que os dejé más arriba. A mi me gusta mucho plegar la masa un par de veces (o más…) buscando una alveolización muy irregular… Después de las manipulaciones, una vez obtenida una bola firme, hay que dejar a la masa descansar. Yo la dejé fermentar sobre un Banetón de pulpa de madera redondo, de 0,5 kg de capacidad (sí, se me quedó corto, la verdad…). Tapé con trapo limpio, al resguardo de corrientes de aire y dejé doblar su volumen.
  4. Pasado ese tiempo y, viendo que la masa era ya muy poco trabajable (tenía forma esférica y no permitía más manipulación), directamente, la volqué sobre tela para hornear, dispuesta sobre una bandeja de horno; le practiqué los cortes oportunos y espolvoreé con sésamo y harina (demasiada harina). Por cierto, tal cual le practiqué los cortes (eran profundos), éstos tendieron a cerrarse durante el horneado. Aclaración: no se expandió la masa como si fuera una torta por exceso de fermentación, no. Simplemente, algunas hendiduras adquirieron relieve, cerrando los cortes.
  5. El resto del tiempo, anduve jugando con diferentes temperaturas 200 – 220ºC y alturas de horneado, al tiempo que aporreaba el culo de mi pan, cual tamborilero enloquecido, para comprobar si sonaba a hueco o no, en verificación de su cocción completa. Así, al menos, durante unos 40 – 50 minutos.
  6. Finalmente, retiré el recipiente de agua, abrí la puerta del horno de par en par, y cambié el modo de horneado al convencional, es decir, arriba y abajo, sin aire. Efectivamente, le faltaba aquel punto de dorado y secado que jamás habría conseguido con aire y vapor.
  7. Después de 10 – 15 minutos así, ya tenía una corteza aceptable, sonido hueco y ganas de quemarse. Así que, fuera del horno y a la rejilla para enfriar y ventilar bien ese «culo», que no quede húmedo, ni afecte a la miga, después de todo lo que hemos pasado juntos…

 Después de todo ésto, te habrán quedado mil dudas… adelante, pregunta. Si puedo, te responderé. Si no, seguro que Ibán puede ayudarte.

 

May 19 2010

Hummus de Calabaza

El Hummus es, en esencia, una mezcla de garbanzos con ajo y aceite, que da lugar a  un cremoso puré. En el Mediterráneo Oriental, el Hummus suele formar parte de un mezze (un surtido de aperitivos muy popular) al estilo turco, donde se sirve acompañado con pan de pita y verduras para mojar. En algunas regiones se sirve este plato para el desayuno. El resto es delicioso para sandwiches, ensaladas, etc…

Esta deliciosa receta, hummus, que en árabe significa «garbanzo«, también se conoce por su nombre más completo: hummus bi tahina, que significa «garbanzo y sésamo».

Aunque se desconoce la procedencia exacta de este rico plato, lo que sí sabemos es que está extendido por todo Oriente Medio y que cada vez tiene más aceptación en Occidente.

La receta básica varía localmente, si bien podemos afirmar que siempre contiene garbanzos, ajos, tahini (o tahina), zumo de limón, sal , aceite de oliva y especias. Estas especias son frecuentemente, el comino y el pimentón (en Grecia). Según las regiones pueden emplearse otras especias completamente diferentes.

Respecto al Tahini (o Tahina) es una pasta elaborada con semillas de sésamo, muy empleado en recetas de Oriente Medio.

Para que no os quedéis con las ganas de probar el Auténtico Hummus, os dejamos la deliciosa Receta de Gastronomia&Cia. Pincha Aquí

En definitiva, el Hummus es un plato delicioso, nutritivo, sano, mediterráneo, sin colesterol y muy fácil y rápido de preparar. Como de esta preparación no se comen grandes cantidades, si tenemos invitados, podemos preparar pequeños canapés, donde la base serían verduras crudas cortadas, o pan de pita…

Y ahora que os he contado todas las bondades del Humus tradicional, vamos con mi Hummus de calabaza, no?. Seguramente ya está todo inventado y no pueda atribuirme ningún mérito en absoluto, pero poco importa eso. El caso es que tenía todos los ingredientes y me apetecía mucho preparar hummus con calabaza!. Solo pensaba en lo bien que maridan garbanzos y calabaza en los potajes, en el dulzor y suavidad que aportaría la cucurbitácea al plato y en cómo tendría que corregir las cantidades de especias para conseguir cierta armonía, sin ofender demasiado a la tradición.

Y el resultado fue increíble. Una textura también muy cremosa, prácticamente no se ve alterada por la calabaza. Lo que sí aporta ésta es cierto toque de dulzor y algo de magia a la receta. Os invito a probarla!!.

Eso sí… creo que me he ganado un gran tortazo por parte de algún libanés. O de un griego.  O de … Me pongo en sus respectivos lugares y, si veo que nuestro exquisito y mancheguísimo Atascaburras lo están cocinando como… «Atascaburras de Brócoli»… y, sí, lo consideraría un sacrilegio!!… jejeje…

: )  Bueno, bueno… como le doy a la tecla… Vamos con la receta, de una vez por todas!.

 

Coste: Bajo
Dificultad: Muy Fácil
Tiempo: Muy rápido
Estacionalidad: Cualquier época del año

 

INGREDIENTES

  • 400 g garbanzos cocidos. Puedes usar en conserva, pero en ese caso, lávalos y escúrrelos muy bien.
  • 500 g de calabaza (pesada en bruto, sin pelar ni arreglar)
  • 2 dientes de ajo, en láminas
  • 50 g de aceite oliva virgen
  • 125 ml tahini
  • zumo de 1/2 limón
  • 3 – 4 cucharadas soperas de agua templada, o la que necesitemos (para rectificar la textura)
  • 1 cucharada sopera rasa de comino en polvo (o la cantidad que nos guste, pero no hay que prescindir de esta especia)
  • 1 pizca de cayena molida (opcional)
  • 1 cucharadita de cúrcuma (opcional, si se quiere acentuar el color)
  • sal
  • Para cubrir por encima: aceite de oliva virgen y pimentón (esenciales), sésamo negro (podemos reemplazar por sésamo blanco tostado…)

 

 

PREPARACIÓN

  1. Lo primero es asar la calabaza, podéis hacerlo en el horno o en el microondas. Yo lo hice en el microondas, en un recipiente apto, con un pelín de sal, salpicada de agua y apenas tardó unos minutos. La reservé y la dejé templar un ratito.
  2. El resto del proceso solo consiste en trituración. Comenzamos triturando los garbanzos, el zumo de limón y el ajo, hasta obtener un puré homogéneo.
  3. Agregamos la calabaza en trozos y seguimos triturando. Vemos como el puré ahora nos queda más cremoso.
  4. Incorporar el tahini, el aceite, las especias y la sal y triturar de nuevo.
  5. Probar, rectificar la sal, o la textura con agua si estuviera demasiado dura.
  6. Para servir, regamos con aceite de oliva virgen y decoramos esparciendo pimentón (dulce/picante, el que nos guste) y con unas ricas semillas de sésamo negro. Acompañar con crudités de verduras, pan de pita o, simplemente, unas varitas de pan tostado por nosotros mismos (si es integral con semillas queda delicioso).

Y a disfrutar de esta maravilla mediterránea.

 

May 17 2010

Magdalenas con Manzana, Miel y Canela

  

INGREDIENTES para 12 – 15 Magdalenas

  • 100 g de huevos (2 ud. de tamaño mediano)
  • 150 g de azúcar
  • 150 g de harina de repostería
  • 150 g de aceite de girasol
  • 50 g de leche
  • 1 juego de gaseosas o sodas de repostería (El Tigre, El Vesubio…)
  • 2 cucharadas generosas de miel
  • Canela molida al gusto (yo le puse 1 cucharada sopera, más o menos…)
  • 150 g de manzana roja (pesada ya pelada, solo pulpa), troceada en daditos pequeños

 

 PREPARACIÓN

  1. Procedemos como siempre: en un cuenco, con varillas eléctricas/ manuales, batimos los huevos con el azúcar hasta que esté espumoso; entonces se añade la leche, la miel y la canela y se sigue batiendo.
  2. Agregamos el aceite muy lentamente, en forma de hilo, sin dejar de batir. Al terminar, añadimos los trocitos de manzana y movemos con una espátula simplemente.
  3. En otro cuenco, habremos mezclado bien la harina con las gaseosas. Esta mezcla la tamizamos en forma de lluvia a la anterior, al tiempo que, movemos la crema de huevos con unas varillas, tratando de incorporar bien toda la harina, realizando movimientos envolventes. Al final, nos habrá quedado una masa cremosa. La tapamos y dejamos reposar 1/2 -1h, mejor en la nevera o en un lugar más bien fresco. 
  4. Precalentamos el horno a 250ºC arriba y abajo, con aire.
  5. Mientras, vamos llenando los moldes, pero no hasta arriba. Dejar libre como 3/4 partes del molde, más o menos. Si quieres, antes de hornear, espolvorea azúcar.
  6. Introduce las magdalenas y déjalas unos minutos a 250ºC, a altura media.
  7. Verás que empiezan a formar copete (si ves que tu horno calienta mucho y se doran inmediatamente, baja el fuego a 200ºC), dejalas un poco más. Hay que decir que estas magdalenas formas menos copete que otras y parece que se doran menos. Con el copete formado, baja a 220 – 200ºC, deja 5 minutos más. El resto de la cocción, a 200 – 180º, y el tiempo, depende de tu horno y del tamaño de tus moldes. No esperes a sacarlas cuando notes que están secas. Es preferible, ante la duda, sacarlas cuando todavía tienes la impresión de que están ligeramente tiernas, algo húmedas (no crudas!!). Así, con el calor que les queda, terminaran de hacerse y te aseguras de que no se queman ni se secan en exceso.

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May 09 2010

Ensalada de Brotes de Alfalfa y Queso de Cabra a la Plancha con Salsa de Tamarindo

Una ensalada muy rica y especial, que perfectamente podéis presentar en un festivo, por ejemplo, o cuando tengáis invitados. Teniendo la Salsa de tamarindo  preparada con antelación, la ensalada se prepara en un momento.

INGREDIENTES (4 personas)

  • Salsa de Tamarindo, elaborada según la receta que os dimos anteriormente. Pincha aquí.
  • 1 Bolsa de lechugas variadas
  • 50 g de Brotes de alfalfa
  • 400 g de Queso fresco de cabra, partido en 4 rodajas, de 100g cada una
  • aceite de oliva, sal

PREPARACIÓN

  1. Preparamos la salsa de tamarindo y la reservamos. Luego la podremos servir fría o templada, como más nos guste.
  2. Mezclamos las hojas de ensalada con los brotes de alfalfa y añadimos una pizca de sal y de aceite y mezclamos bien. Repartimos en 4 platos, en forma de lecho para el queso.
  3. En una sartén o plancha, ponemos tan solo unas gotas de aceite y, a fuego alto, hacemos las rodajas de queso por ambos lados. El objetivo es solo dorarlas, pues si las tuviésemos demasiado tiempo al fuego, nos quedaríamos sin queso!.
  4. Dispondemos cada rodaja de queso sobre cada plato y, sobre ellas repartimos la salsa de tamarindo. Y ya está, como véis, no entraña dificultad alguna.
May 08 2010

Salsa de Tamarindo

Los que me conocéis bien, me llamáis «catacaldos» 🙂 porque sabéis que no se puede ir de compras conmigo a ninguna parte y, muchísimo menos, a un mercado (o supermercado)!. Cada alimento diferente que encuentro (sobre todo los frescos) lo tengo que comprar, llevarlo a mi cocina y experimentar con él, hasta que doy con el lugar adecuado entre mis platos… Me fascina experimentar…

Pues el Tamarindo es uno de estos productos que siempre había mirado de lejos, con cierta desgana, dejándolo siempre para luego, preguntándome ¿qué llevaría aquello dentro?, ¿bolas rojas?, no, más bien serían cacahuetes gigantes y me llevaría una enorme decepción.

Pero el otro día, presa de uno de mis ataques de acopio de frutos exóticos, enganché sin pensarlo una bandeja de estas impresentables vainas. Porque, todo hay que decirlo, a simple vista, son feísimas, en comparación con la delicia que contienen en su interior… la cual, por cierto, tampoco puede presumir de ser nada bella, pues es una pulpa firme pero pegajosa, de un marrón nada apetecible y atrapada por una especie de pseudovasos leñosos, que es lo primero que se debe quitar. Pero no es suficiente con eso, no, la pulpa se encuentra obstinadamente aferrada a unas dichosas semillas que hacen muy poco por salir. Lo que hice, al final, fue ponerlas un ratillo en agua calentita y así las pude desprender bien. Y el agua la aproveché, porque queda con mucha pulpa, que es un tesorazo!!!. Estas son las semillas, una vez bien desprendidas de la pulpa:

 

Y después de todo lo mal que lo he puesto, os diré que me ha encantado!!. Qué delicia, si abres una vaina para probar estás perdido, porque vas a querer otra… dulce, delicada, aromática, tierna… mmm. Eso sí, con los dientes, le quitas perfectamente las semillas…

Casi inmediatamente supe cómo iba a elaborar la salsa que buscaba para mi siguiente receta. Pero el resultado final fue tan bueno, que os recomiendo esta salsa para acompañar pollo, cerdo, quesos, foies, etc… Probadla, que os va a encantar.

Hoy no os voy a contar nada botánico, solo deciros que es el fruto del árbol Tamarindus indica, L. y su nombre proviene del árabe, que significa Dátil de la India.

Ahora sí os cuento cómo preparar la salsa. En las fotografías os presento la salsa triturada y sin triturar. Yo, la verdad, la prefiero con sus tropezones, pero dependerá de lo que vayáis a hacer.

 

 

INGREDIENTES

  • 100 g de cebolla partida en trozos medianos
  • Pulpa de Tamarindo. ¡Olvidé pesarla!. Pero bueno, la correspondiente a una bandejita de las que encontráis en las grandes superficies.
  • Agua (400 – 500 ml)
  • 1 chorreón de Vino blanco seco (opcional)
  • Jengibre en polvo (opcional)
  • 1 cucharada rasa de azúcar
  • 1 cucharada generosa de Crema Concentrada de Balsámico de Módena, de Vinagrerías Riojanas, que es la que más nos gusta por su alta calidad
  • aceite de oliva, sal

 

PREPARACIÓN

  1. Extraer la pulpa de tamarindo como he explicado anteriormente. Más o menos necesitaréis unos 400 – 500 ml de agua, que reservaréis para la salsa.
  2. Sofreimos la cebolla a fuego medio, hasta que dore un poco. Incorporamos el azúcar, retiramos un momento del fuego y removemos rápidamente.
  3. Agregamos los demás ingredientes y dejamos que la salsa reduzca a fuego medio-bajo, teniendo en cuenta que cuando se enfríe espesará un poco más.

 

May 07 2010

Magdalenas Especiadas

Como siempre, os damos medidas calculadas para una docena aproximadamente de magdalenas, pero dependerá de las cápsulas que uséis. Hasta ahora, os hemos aconsejado usar los moldes de silicona frente a las cápsulas blancas que podéis adquirir en cualquier supermercado. Pues hemos descubierto otro tipo de moldes de alta calidad que os presentaremos en breve, así que estad muy atentos ; )

 

 

 

 

 

 INGREDIENTES para 12 – 15 Magdalenas

  • 100 g de huevos (2 ud. de tamaño mediano)
  • 150 g de azúcar
  • 150 g de harina de repostería
  • 150 g de aceite de girasol
  • 50 g de leche
  • 1 juego de gaseosas o sodas de repostería (El Tigre, El Vesubio…)
  • Ralladura de naranja
  • 2 cucharadas de miel
  • 8 bolas de pimienta de Jamaica, bien machacadas en un mortero
  • 2 cucharaditas rasas de canela molida
  • 1 cucharadita rasa de jengibre en polvo

 

 

PREPARACIÓN

  1. En un cuenco, con varillas eléctricas/ manuales, batimos los huevos con el azúcar hasta que esté espumoso. Añadimos la leche, la miel, la ralladura de naraja y las especias, mientras seguimos batiendo. Agregamos el aceite muy lentamente, en forma de hilo, sin dejar de batir la mezcla hasta acabar con todo el aceite.
  2. En otro cuenco, habremos mezclado bien la harina con las gaseosas, mezcla que incorporaremos en forma de lluvia a la anterior, al tiempo que, movemos la crema de huevos con unas varillas, tratando de incorporar bien toda la harina. Al final, nos habrá quedado una masa cremosa. La tapamos y dejamos reposar 1/2 -1 hora, tapada y en un lugar más bien fresco. 
  3. Precalentamos el horno a 250ºC arriba y abajo, con aire. Mientras tanto, vamos llenando los moldes, dejando libre 3/4 partes de cada molde, más o menos. Si quieres, antes de hornear, espolvorea azúcar.
  4. Introduce las magdalenas y déjalas unos minutos a 250ºC, a altura media.
  5. Como siempre decimos, verás que empiezan a formar copete (si ves que tu horno calienta mucho y se doran inmediatamente, baja el fuego a 200ºC), dejalas un poco más. Con el copete bien formado, baja a 220 – 200ºC, deja 5 minutos más. Se empezarán a dorar. El resto de la cocción, a 200 – 180º, y el tiempo, depende de tu horno y del tamaño de tus moldes. No esperes a sacarlas cuando notes que están secas. Es preferible, ante la duda, sacarlas cuando todavía tienes la impresión de que están ligeramente tiernas, algo húmedas (no crudas!!). Así, con el calor que les queda, terminaran de hacerse y te aseguras de que no se queman ni se secan en exceso.

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May 06 2010

Espinacas con Huevo, como las hacía la Abuela María

Así hacía mi abuela las espinacas revueltas. Uno de sus platos más sencillos, pero que recuerdo con muchísimo cariño… Mi abuela. Esa grandísima persona, a quien va dirigido todo lo que en esta página podéis encontrar.

Mi abuela, MARÍA GARCÍA CUESTA fue, además de un ser maravilloso, una cocinera de categoría, panadera y repostera que creaba con sus manos, auténticas obras de arte que además, eran delicias para el paladar. Ojalá conservásemos alguna fotografía de sus tartas!!!

Nunca antes lo he mencionado así, pero es hora de que lo haga tajantemente. Todas las recetas y fotografías que se encuentran en este espacio, sobre todo las de MARÍA GARCÍA CUESTA, son absolutamente intocables, amén de que te pongas en contacto con nosotros (EN NUESTRO APARTADO CONTACTO) y expongas tu interes por alguna de ellas. Entonces hablaremos. Porque estoy hartita ya de encontrarme las recetas por ahí copiadas, sin mención alguna.

En fin, voy a contaros cómo hacía mi abuela las Espinacas con Huevo.

INGREDIENTES PARA 2 PERSONAS

  • 2 dientes de ajo picados
  • 800 g de espinacas frescas (pesadas antes de limpiarlas), bien limpias, sin los tallos, troceadas y secas
  • aceite de oliva
  • 1 cucharada rasa de cominos en grano
  • 2 ó 3 huevos, semibatidos
  • 1 o 2 picatostes, según nos guste la textura con más o menos crujiente
  • Sal

 

PREPARACIÓN

  1. Ponemos aceite de oliva en una sartén (no demasiado) y vamos friendo las espinacas a fuego medio. Para evitar que «nos pidan» más aceite en el proceso, les añadimos una pizca de sal (no hay que pasarse porque reducirán muchísimo su volumen) y dejamos la sartén semitapada.
  2. Mientras, preparamos una majada, machacando los cominos en granos con una pizca de sal en un mortero. Añadimos los picatostes y los machacamos tambien. Incorporamos los huevos emibatidos, lo removemos todo y reservamos.
  3. Cuando observemos que las espinacas han reducido mucho y que ya se muestran tiernas, le damos un «apretón» subiendo el fuego un par de minutos, sin dejar de remover, hasta que se doren y pierdan jugos. Entonces, volvemos a poner a fuego medio e incorporamos la mezcla de huevo, revolviendo continuamente hasta que cuaje.

Supersencillas, pero están buenísimas!!.

 

May 03 2010

Brownies Integrales con Almendras

Sabréis que los Brownies auténticos, dulces típicos americanos muy extendidos por todo el mundo, son esos pastelillos de chocolate que se sirven en cuadrados o rectángulos, que en su receta llevan nueces y no se utiliza levadura en la elaboración original.

Se cree que los brownies fueron fruto de un accidente culinario, donde un distrído cocinero, dispuesto a elaborar un bizcocho de chocolate olvidó agregar la levadura. De lo que obtuvo, se vio obligado a emplear el ingenio, cortando la plancha en cuadraditos, que sirvió a sus comensales con el nombre de brownies (marroncitos).

Estos pasteles se han extendido tanto, que son muchísimas las recetas y versiones que podemos encontrar respecto de la original. Por eso y aunque a la receta que os traemos hoy, podríamos haberle dado cualquier otro nombre, por analogía con la receta del brownie, os la presentamos como Brownies integrales con almendras.

Por cierto, en la fotografía principal, véis que usamos moldes redondos (de silicona). Probamos a experimentar con diferentes alturas de masa. Por eso véis uno muy alto y otros más bajos, que corresponderían a la altura ideal, que hace que el brownie quede jugoso por dentro y con una costra fina y muy agradable por fuera. De modo que, sea cual sea el recipiente que elijáis (moldes para plum-cakes, bizcochos,pyrex…), no pongáis excesiva altura de masa.

Coste: Medio
Dificultad: Muy Fácil
Tiempo: Medio
Estacionalidad: Cualquier época del año

 

INGREDIENTES

  • 4 huevos
  • 170 g de chocolate (nosotros usamos Nestlé Postres)
  • 200 g de mantequilla, a temperatura ambiente (que esté manejable)
  • 200 g de azúcar
  • 1 cucharadita de azúcar avainillada
  • 90 g de harina floja de repostería ( o harina corriente «multiusos»)
  • 15 g de salvado de trigo (o de avena, o de lo que tú prefieras)
  • 1 cuharada sopera rasa de levadura Royal
  • 150 g de almendras enteras

 NOTAS: Si lo prefieres, puedes utilizar directamente 90 g de harina de trigo integral (en lugar de 90 g de harina blanca + 15 g de salvado). Las almendras, cómpralas crudas y enteras, es preferible que optes por triturarlas tú en casa, dejando trozos de diversos tamaños, ya que las que se comercializan troceadas suelen tener un tamaño demasiado pequeño. La cantidad que hemos puesto es orientativa, puedes añadirle o quitarle, según tu gusto.

PREPARACIÓN

  1. Vamos a comenzar montando la mantequilla con el azúcar y el azúcar avainillado, cómo no, con la varilla manual, o con las varillas eléctricas de la batidora. Cuando tengáis una mezcla cremosa, id agregando los huevos de uno en uno, al tiempo que seguís batiendo (velocidad media).
  2. Fundimos el chocolate. Como siempre, escogeremos opción al baño maría u opción microondas a cortitos intervalos de tiempo, en los que sacaremos el bol de chocolate para remover y meteremos otra vez. Una vez fundido, esperamos unos minutillos a que pierda un poquito de temperatura y le incorporamos unas cucharadas de la mezcla de huevos y mantequilla, con el fin de que el chocolate se nos haga menos pastoso, más manejable.
  3. Y nos ponemos otra vez con las varillas, porque vamos a agregar el chocolate a la crema que teníamos. Lo haremos despacio, hasta que el conjunto tenga el mismo color.
  4. Nos queda añadir la harina, a la que le habremos incorporado el salvado y la levadura, removiendo bien. Espolvorearemos la harina sobre la crema en forma de lluvia, poco a poco, al tiempo que la vamos integrando en la crema con movimientos envolventes, ayudándonos de una espátula (mejor de silicona) o de una varilla manual.
  5. Terminada la mezcla de ingredientes, la repartimos sobre los recipientes elegidos, previamente untados con un poco de mantequilla (recordad que, como mencioné al principio, la masa no debe tener mucha altura).
  6. Introducimos en el horno, precalentado a 180ºC, con calor arriba y abajo y horneamos alrededor de 20 – 30 minutos. Respecto al punto de cocción, recuerda que este dulce ha de tener un interior jugoso, con lo cual, es preferible que los saques un poco «tiernos» (lo más probable es que terminen de cocerse con su propio calor interno) a que los saques cuando ya están cocidos al punto de un bizcocho (brownie seco).
  7. Una vez horneado, hay que dejar enfriar. Sí, es premisa básica resistir la tentación!. Cuando ya esté frío, cortamos en cuadrados o rectángulos y acompañaremos de la manera que más nos apetezca: salsa de chocolate, helado de nata, de vainilla, mermeladas…. lo que se nos ocurra!. Y la verdad es que creo que no necesitan mucho acompañamiento…

 

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