Cabello de ángel

Todos conocemos el cabello de ángel, ¿verdad? Incluso últimamente podemos encontrarlo envasado en los estantes de cualquier supermercado. Pero ya sabéis que a nosotros nos gusta siempre hacer las cosas en casa, de esta manera sabemos lo que comemos al cien por cien y controlamos totalmente cuándo y cómo están hechas las cosas. Ya llevaba tiempo yo queriendo hacer esta receta, pero no os podéis imaginar lo que me ha costado encontrar la dichosa calabaza de cidra. Menos mal que mi consuegro se ha recorrido medio pueblo buscándome una y finalmente lo ha conseguido, que ya estaba yo enfadada con el mundo.

Este riquísimo dulce lo podemos usar de mil maneras: sólo sobre una tostada, de relleno en pasteles, hojaldres o, como lo haremos nosotros en breve, en deliciosos mantecaos manchegos.
INGREDIENTES
– 1 calabaza de cidra pequeña
– el mismo peso de la pulpa en azúcar (leer más adelante)
– piel de un limón (sólo la parte amarilla)
– 1 ramita de canela
– medio litro de agua
ELABORACIÓN
No sé muy bien cómo explicar esto con delicadeza… A ver si soy capaz, lavamos bien la calabaza para quitar todos los posibles restos de tierra y procedemos a abrirla. Aquí viene lo bueno: yo cogí el cuchillo más grande que tenía a mano, lo clavé en la calabaza y para poder romperla del todo me lié a porrazos con un martillo; mis hijos pensaban que me había vuelto loca. Otra opción es usar directamente el martillo, es decir, emprenderla a golpes con la pobre e indefensa calabaza, sin más. Cuando ya estaba abierta la corté en cuatro trozos me puse a cocerla, pero no me cabía entera en la olla exprés y tuve que hacerlo en dos veces. También se puede hacer, por supuesto, en olla convencional, sólo que tardará más tiempo. Como ya os he dicho, la cocí en dos veces durante 12 minutos cada vez. La dejamos templar y con la ayuda de una cuchada sopera vamos retirando la pulpa, desechando la corteza, las hebras duras y las pepitas. Escurrimos bien la pulpa y la pesamos -en mi caso pesaba 1,4 kg- y pesamos la misma cantidad de azúcar. En una cacerola grande ponemos el agua, la piel de limón, la canela y el azúcar a fuego fuerte hasta que el azúcar alcanza el punto de hebra. Para saber que el almíbar ha alcanzado este punto debemos notar que ha espesado, entonces cogemos un poquito con una cuchara de madera (que no coge calor) de ahí tomamos una gotita entre los dedos pulgar e índice y separamos los dedos, si se forma una hebra ya está listo; si no hace hebra y se queda pegado en los dedos lo dejamos un ratito más y vamos comprobando cada poquito (ver foto)

Conseguido este punto añadimos la calabaza al almíbar, bajamos a fuego medio y vamos removiendo sin cesar. Al principio observamos que podemos remover sin problema alguno, pero a medida que va espesando nos va a costar un pelín más. Irá adquiriendo un precioso color dorado y cuando ha perdido todo el agua y está bien espeso retiramos del fuego; ya está listo.
Lo envasamos herméticamente al baño maría y así se conservará perfectamente durante muchísimo tiempo.
Después de lo que me costó encontrar la calabaza de cidra he de reconocer que he quedado más que satisfecha con el resultado, está delicioso y no tiene nada que ver con el comprado, os podéis imaginar. Espero que os animéis a hacerlo y sobre todo que me contéis si os gustó.





